Wabi-sabi: la filosofía japonesa que me enseñó a amar lo imperfecto

Siempre he sentido atracción por lo imperfecto: una piedra gastada, una rama retorcida, una grieta en la pared. Pero hasta que descubrí el wabi-sabi, no sabía que esto tenía nombre ni que más personas buscaban la misma belleza.

En Japón la llaman así, y desde entonces no dejo de verla en todo lo que hago, también en mis joyas.

Textura de piedra

Fotografía: Emery Muhozi

¿Qué es exactamente el wabi-sabi?

Wabi-sabi nace de la unión de dos palabras: wabi, que habla de la sencillez y de lo austero, y sabi, que habla de la belleza que da el paso del tiempo. Juntas forman una filosofía de origen budista zen que encontró su expresión más conocida en la ceremonia del té japonesa, donde cada objeto —una taza desportillada, una tetera de barro sin pulir— se valora precisamente por no ser perfecto.

El ejemplo que más me gusta es el kintsugi, la técnica de reparar cerámica rota rellenando las grietas con oro. En vez de esconder la rotura, la señalan y la convierten en lo más bonito de la pieza. Ahí está, para mí, todo el wabi-sabi resumido en un solo gesto.

Cómo esta filosofía cambió mi manera de diseñar

“Cuando diseño una pieza, no busco la perfección geométrica ni el brillo que no admite ni una mota de polvo. Busco esa misma belleza imperfecta: una línea que no es del todo recta, una superficie que envejece con quien la lleva en vez de quedarse siempre igual”.

El wabi-sabi y la sencillez van de la mano: ambos dicen que no hace falta añadir nada más para que algo sea bello, que lo esencial ya es suficiente. Una joya wabi-sabi no compite por brillar más que las demás; simplemente envejece bien, y eso también es una forma de belleza.

Vivir wabi-sabi más allá de las joyas

Esto tampoco se queda solo en el taller. Cada vez intento aplicar más esta mirada a mi día a día: aceptar lo que no es perfecto, valorar lo que ya tiene años en vez de cambiarlo por algo nuevo, ir más despacio. Es, en el fondo, la misma idea que la del slow life: dejar de perseguir lo impecable y aprender a encontrar belleza en lo que ya tenemos delante.

¿Habías oído hablar del wabi-sabi antes de este post? ¿Hay algo en tu vida —un objeto, una costumbre— al que apliques esta misma mirada sin saber que tenía nombre? Te leo en comentarios.

 
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