El robo del Tesoro de Villena: cuando lo que desaparece es la memoria de todos
Declarado Bien de Interés Cultural en 2003
Considerado la segunda vajilla de oro más importante de Europa, solo por detrás de las tumbas reales de Micenas.
El Tesoro de Villena llevaba más de tres mil años existiendo. Sobrevivió enterrado en el cauce de una rambla, sobrevivió a que en 1963 lo confundieran con chatarra en unas obras, y llevaba décadas en una vitrina del museo de su pueblo. La madrugada del pasado jueves se lo llevaron en cuatro minutos.
Qué se llevaron exactamente
El Tesoro de Villena apareció por casualidad en octubre de 1963: en unas obras de la calle Ferriz salió entre la tierra un brazalete de oro que el capataz tomó por una pieza de máquina, algo parecido al cojinete del motor de un camión, y lo dejó apartado por si volvían a buscarlo. Un joyero del pueblo, Carlos Miguel Esquembre, se fijó en aquel "cojinete" y avisó al director del museo arqueológico, José María Soler. El 1 de diciembre de ese año el equipo de Soler encontró, enterrada en la Rambla del Panadero, una gran vasija de cerámica. Dentro estaba el tesoro.
Son unos diez kilos de material, en su mayoría oro, y 66 piezas según el recuento tradicional de Soler: veintiocho brazaletes, once cuencos de lámina de oro batido, dos frascos, láminas de revestimiento, y también recipientes de plata, un brazalete de hierro y una pieza de ámbar forrada de oro. Fue declarado Bien de Interés Cultural en 2003 y está considerado la segunda vajilla de oro más importante de Europa, solo por detrás de las tumbas reales de Micenas.
El peligro de que se pierda para siempre
Si ya es malo que se robe nuestro patrimonio cultural para que sólo unos pocos puedan disfrutar de él, en este caso el riesgo es mucho más terrible, porque el oro se funde. Un cuadro robado sigue siendo ese cuadro, y por eso hay que esconderlo y algún día suele aparecer. Diez kilos de oro fundido dejan de ser el Tesoro de Villena y se convierten en diez kilos de oro anónimos, sin rastro y sin delito visible.
No sería la primera vez. Desde la Edad Media hasta las guerras napoleónicas, buena parte de la orfebrería antigua de este país se perdió exactamente así: fundida para borrarle el origen.
Los expertos apuntan estos días a un robo por encargo y confían en que quien encarga algo así no lo quiera deshecho. Ojalá tengan razón. Porque el precio del metal se calcula en una tarde, y lo otro no se recupera nunca.
Hay cosas que no se pueden volver a hacer. Esas son justo las que deberíamos estar cuidando mejor.
¿Conocías el Tesoro de Villena antes de esta noticia? ¿Crees que las piezas arqueológicas deben quedarse en el museo del pueblo donde se hallaron, aunque tenga menos medios, o estarían mejor protegidas en los grandes museos? Te leo en comentarios: este me interesa de verdad.